Una escalera reorientada y un comedor acristalado corrigen el mayor defecto de esta casa

El estudio RX Architects ha finalizado una ampliación en una vivienda de Sussex que soluciona el principal problema de la casa original: la desconexión entre el jardín privado trasero y el interior, mejorando además la circulación desde la entrada hasta el comedor.

Cuando RX Architects completó hace siete años la casa Druim en Sussex, el diseño privilegiaba la orientación hacia un espacio natural protegido y el mar, lo que tenía sentido por la ubicación. Sin embargo, debido a limitaciones presupuestarias, la zona posterior quedó desconectada y sin una secuencia de entrada adecuada, dos aspectos que ahora se han solucionado con una ampliación estratégica.

El cambio más significativo no es solo la nueva estancia, sino cómo se reorganiza el flujo interior para que el tránsito entre espacios sea coherente. Se reorientó la escalera y se añadió un espacio acristalado que conecta la vivienda principal con el anexo, modificando la circulación desde la llegada. Además, la entrada ahora se ancla en un vestuario que sirve como transición útil entre el exterior y el interior, algo que antes faltaba. Este recorrido ordenado desde la puerta principal hasta el comedor transforma una experiencia antes improvisada en una lógica y fluida, un cambio que aunque pueda pasar desapercibido en imágenes, es muy notable en el uso diario.

La nueva zona de comedor se sitúa en la parte trasera de la vivienda, completamente acristalada y con puertas correderas que se abren a un patio y al jardín privado. El director del estudio, Rob Pollard, explicó que el objetivo principal consistía en potenciar la conexión con los jardines cerrados y el lado norte, mejorando la relación con el exterior. En el centro del espacio destaca una mesa de madera maciza bajo un gran lucernario, acompañada por una chimenea de leña, que ofrece calidez y un punto focal. Aunque el acristalamiento es extenso, los revestimientos de madera en los aleros y el techo continuo contribuyen a definir el espacio a escala humana, cerrándolo sin obstaculizar las vistas.

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Uno de los detalles más sutiles y valorados en el proyecto es el asiento situado en una esquina, justo donde conecta la ampliación con la estructura original. Esta solución crea un espacio de pausa, un lugar para sentarse dentro del perímetro acristalado pero protegido visual y físicamente. Los aleros de madera que sobresalen refuerzan la sensación de cobijo. El emplazamiento costero implica que la fachada principal soporte con más intensidad el viento, mientras que la parte trasera ofrece un entorno más resguardado y en contacto directo con la naturaleza, un vínculo que esta remodelación busca potenciar.

La continuidad en la intervención era clave para el equipo. Pollard indicó que quisieron que las nuevas adaptaciones encajaran de forma natural con la casa original, por lo que emplearon los mismos materiales y contratistas para la ampliación. Así, la segunda fase no parece una adición independiente, sino parte coherente del conjunto. Para quienes planifiquen obras similares, la experiencia de Druim es reveladora: no basta con sumar espacio, sino que antes de construir hay que analizar detenidamente los problemas existentes, como la circulación, los patrones de uso exterior y las carencias previas, para que la expansión resuelva realmente las necesidades y no solo añada metros cuadrados.

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