Reconocer las piezas del ajedrez es sencillo para muchos, pero memorizar cómo se mueven no siempre lo es, especialmente en el caso del caballo con su característico movimiento en forma de L. El diseñador Pinke Gans ha querido simplificar esta tarea a través de un concepto innovador: un set de ajedrez inspirado en el estilo Bauhaus, construido con piezas LEGO que incorporan pistas visuales para entender los movimientos de cada figura.
Esta idea surgió durante una visita al Museo Bauhaus en Weimar, Alemania, donde Gans se inspiró en las piezas geométricas creadas por Josef Hartwig en 1923. Este set original no solo eliminaba elementos decorativos, sino que utilizaba formas abstractas para representar la manera en que se desplazan las piezas sobre el tablero, haciendo que cada figura sea un código visual práctico y no solo un símbolo arbitrario.
Por ejemplo, el caballo se representa mediante una forma escalonada que evoca su movimiento en L, mientras que el alfil presenta una cruz diagonal que recuerda sus trayectorias diagonales en el tablero. Pinke Gans trasladó esta visión a LEGO, utilizando bloques y ladrillos para lograr esas formas, ofreciendo así una guía visual que sirve de ayuda a los jugadores para asociar la pieza con su movimiento específico sin necesidad de explicaciones constantes.
Entre las piezas destaca la reina, que se diferencia por una parte superior redondeada compuesta por elementos superpuestos que generan una textura propia, llegando a simular una esfera construida con bloques. El rey, por su parte, se representa con un cubo pequeño girado en relación a su base, rompiendo la monotonía de las formas rectilíneas y aportando variación al conjunto.
Esta interpretación resulta especialmente atractiva, ya que Hartwig diseñó originalmente sus piezas en madera, lo que les daba un acabado liso. El uso de LEGO cataliza una lectura diferente de las superficies, dejando visibles las juntas y las costuras entre las piezas, creando un segundo nivel de textura dentro de la cuadrícula del tablero de ajedrez.
El tablero mantiene un diseño sobrio, con sus clásicos cuadros blancos y negros y un perímetro oscuro que no distrae de las piezas, asemejándose más a una colección de modelos arquitectónicos en miniatura que a un tradicional conjunto de juego. Esto convierte la propuesta en un objeto estético, apto para exhibirse en una mesa de salón, que destaca por la repetición, la proporción y la pureza de las formas en lugar de por la ornamentación.
No obstante, también plantea un reto: para quienes ya identifican las piezas clásicas al instante, este sistema geométrico exige un aprendizaje nuevo y distinto para poder utilizar la lógica que presenta. Aunque tras una explicación los usuarios podrán reconocer al rey y la reina gracias a sus rasgos particulares, esta ventaja visual podría no traducirse en un reconocimiento más rápido durante la partida. Además, las imágenes publicadas no permiten apreciar cómo de bien se sujetan las piezas al manipularlas repetidamente.
Este proyecto está presentado como una propuesta en la plataforma LEGO Ideas, lo que significa que, pese a haber despertado el interés de la comunidad, no es un producto oficial ni tiene fecha ni precio confirmados para su lanzamiento comercial en tiendas. Solo si alcanza un umbral de 10.000 seguidores podría pasar a la fase de evaluación para su posible producción, sin que ello garantice su fabricación definitiva.
Para los entusiastas, la principal atracción radica en la experiencia de construir las piezas antes de jugar. Montar la forma escalonada del caballo con ladrillos LEGO puede ayudar a comprender de forma tangible por qué su movimiento es así, haciendo que el aprendizaje sea mucho más intuitivo y experiencial que simplemente leer una explicación junto a un diseño terminado. Aunque necesitarás seguir aprendiendo las reglas del ajedrez, esta práctica introduce con elegancia y creatividad la filosofía detrás del diseño de Hartwig.