En la localidad de Gresham, en el estado de Oregon, se ha inaugurado en mayo de 2026 una biblioteca pública que transforma un espacio urbano olvidado en un enclave vibrante y naturalista. El proyecto, situado en el este del condado de Multnomah, ocupa cerca de 8.800 metros cuadrados y responde a una demanda histórica: más del 40% de los residentes vive al este de la Interestatal 205, sin embargo esta parte contaba con la presencia más reducida del sistema de bibliotecas locales.
El equipo de Holst Architecture, en colaboración con Adjaye Associates durante la fase de desarrollo, fue el encargado de concebir esta nueva infraestructura que sustituye un aparcamiento infrautilizado por un destino público conectado con los servicios de transporte. Un paseo peatonal bordeado de árboles une la parada del tranvía MAX con la plaza de acceso en la calle Division, ofreciendo un recorrido definido y agradable entre el transporte público y la biblioteca.
La estructura principal del edificio está compuesta por vigas laminadas y paneles de madera contralaminada, materiales que aportan calidez y robustez al ambiente interior. Columnas que emergen a través de huecos en el techo acústico evocan los troncos de un bosque, extendiéndose hacia lo alto en un guiño sutil a la naturaleza que inspira el diseño. Este efecto no se consigue con simples motivos decorativos, sino que la referencia al entorno forestal queda incorporada en la propia arquitectura.
Dentro, la biblioteca cuenta con entradas de doble altura y un amplio salón central conocido como “living room”, creando grandes espacios abiertos dentro de la retícula regular de columnas. El detallado trabajo en las vigas del techo introduce líneas y profundidades que aportan ritmo visual y refuerzan la metáfora forestal sin reproducir literalmente ramas o hojas.
El edificio no está construido exclusivamente en madera. Las paredes de hormigón armado, especialmente situadas alrededor del auditorio y en la zona este, aportan rigidez y aislamiento acústico allí donde es necesario, mostrando un uso inteligente de una paleta híbrida para responder mejor a las distintas necesidades funcionales del espacio.
Respecto a la distribución, Holst organizó las zonas desde el oeste hacia el este: los espacios de mayor actividad, como entradas, áreas creativas y zonas de juego infantiles, se sitúan en el lado más concurrido. Hacia el centro se encuentran las colecciones y salas especializadas, mientras que en el este se ofrecen zonas tranquilas orientadas a la lectura y el trabajo individual, con bancos alineados frente a ventanas que inundan la estancia con luz natural.
Las instalaciones incluyen un estudio audiovisual, una sala para aprendizaje creativo, áreas de juego interior y exterior para niños, así como una terraza en la azotea. Además, cuenta con dos salas sensoriales —una para niños y otra para adultos— con iluminación adaptable y recursos diseñados para favorecer distintos niveles de estimulación o relajación. Estas características fueron desarrolladas tras consulta con la comunidad local, dando respuesta a las demandas específicas de sus usuarios.
En materia de sostenibilidad, el edificio contempla la instalación de paneles solares en la cubierta y un sistema de calefacción por suelo radiante, con la intención de alcanzar la certificación LEED Gold, aunque esta aún no ha sido confirmada oficialmente. Más allá de la tecnología, la clave está en la configuración espacial que permite diferentes tipos de uso y participación, desde la colaboración y actividades dinámicas hasta la recogida y el descanso con un libro.
En definitiva, esta biblioteca en Gresham representa un ejemplo de intervención urbana que trasciende la mera construcción pública para integrarse con el entorno y ofrecer servicios adaptados a su comunidad, convirtiendo un antiguo aparcamiento en un refugio cultural y natural en pleno paisaje urbano.