El lago Powell, un embalse artificial ubicado en el río Colorado que se extiende entre Arizona y Utah, ha marcado un nuevo récord negativo en sus niveles de agua. Para el 31 de agosto de 2026, el nivel del agua del lago se situó en 3.517,97 pies (aproximadamente 1.072 metros), superando el récord previo de 3.519,92 pies establecido en abril de 2023. Este descenso indica una caída continua y preocupante en la cantidad de agua almacenada.
Con una capacidad máxima que supera los 23 millones de acre-pies (casi 28 mil millones de metros cúbicos), el lago Powell es el segundo embalse más grande de Estados Unidos, solo por detrás del lago Mead. Sin embargo, debido a la sequía persistente que azota la región montañosa del oeste de América del Norte, actualmente solo mantiene alrededor del 22% de su capacidad total durante este verano de 2026.
La tendencia descendente del lago Powell ha incrementado las preocupaciones acerca de un posible escenario conocido como «dead pool» o «piscina muerta», que ocurre cuando el nivel del agua desciende tanto que deja de fluir aguas abajo del embalse, afectando el suministro hídrico y la agricultura dependiente del río. Además, el potencial hidroeléctrico de la presa de Glen Canyon podría verse comprometido al reducirse el volumen de agua necesario para operar la turbina, poniendo en riesgo la generación eléctrica de la región. Hasta finales de agosto, el lago se encontraba a solo 147,97 pies por encima del nivel crítico de «dead pool», habiendo descendido casi 5 pies desde finales de julio de 2026.
La presa de Glen Canyon, finalizada en 1963, es la estructura que formó el lago Powell, uno de los principales embalses del río Colorado. Sin embargo, múltiples factores han forzado la reducción del nivel del agua en los últimos años, destacando el crecimiento demográfico y la creciente demanda de agua para consumo humano y agrícola, sumados a los efectos del cambio climático que generan un aumento de las temperaturas, mayor evaporación, reducción de precipitaciones y disminución del manto nivoso en las montañas.
El invierno 2025-2026 fue especialmente seco para la región, lo que ha influido decisivamente en la crítica situación actual. A pesar de que actualmente se encuentra en marcha la temporada de monzones en el suroeste americano, las lluvias registradas hasta ahora han sido esporádicas y vigorosas, provocando incluso inundaciones repentinas peligrosas con consecuencias dramáticas, como las ocurridas en el Parque Nacional del Gran Cañón a finales de agosto, que causaron la destrucción de infraestructuras, al menos dos fallecidos y múltiples desaparecidos.
En los días previos, fuertes precipitaciones ocasionaron daños en puentes y alojamientos en áreas del parque, motivo por el cual diversas zonas permanecen cerradas al público y se realizaron evacuaciones mediante helicóptero. Aún así, estas lluvias no han sido suficientes para revertir la tendencia de sequía que afecta a la región.
Se mantiene la esperanza de que el fenómeno meteorológico El Niño, que este año presenta un ciclo intenso o “supercargado”, pueda aumentar las nevadas durante el invierno próximo, lo que ayudaría a incrementar el nivel de los embalses. No obstante, aún queda por ver cómo evolucionará la temporada invernal y si logrará mitigar la crisis hídrica que enfrenta el río Colorado.
El mapa del Monitor de Sequías de Estados Unidos al 25 de agosto de 2026 muestra amplias áreas del oeste en niveles graves y extremos, destacando el oeste montañoso como una de las zonas más afectadas. Estos registros dan cuenta de la persistencia y profundidad del déficit hídrico, que se traduce en un impacto directo sobre las reservas de agua para casi 40 millones de personas que dependen del río Colorado y sus embalses.
El informe del Buró de Reclamación de Estados Unidos de julio de 2026 advierte que los embalses de Powell y Mead funcionan prácticamente como un único sistema de almacenamiento, dividido por el Gran Cañón. La perspectiva es que se sigan estableciendo nuevos mínimos históricos hasta que las nevadas del próximo invierno comiencen a contribuir nuevamente al caudal del río.
La crisis afecta también al sector recreativo. Aunque a mediados de verano aún era posible navegar por el lago Powell, la mayoría de los accesos para lanzar embarcaciones están cerrados o inutilizables debido a la bajada del nivel del agua. Por ejemplo, la rampa de Bullfrog Marina ha tenido que extenderse a tal punto que, según algunos observadores, podría servir de pista para aviones pequeños. Aquellos interesados en visitar la zona con embarcaciones propias deben consultar previamente la disponibilidad de puntos de lanzamiento para evitar inconvenientes.
En suma, la caída incesante del lago Powell representa un desafío sin precedentes para la gestión del agua y la energía en el suroeste de Estados Unidos, reflejando los efectos combinados del cambio climático, la presión demográfica y las condiciones climáticas adversas. La comunidad científica y las agencias gubernamentales continúan monitorizando la situación con atención, conscientes de la importancia vital que esta cuenca hídrica representa para millones de personas y vastas áreas de producción agrícola.