En la actualidad, la gestión del talento se encuentra fragmentada entre diferentes departamentos: recursos humanos se ocupa del seguimiento de empleados y sus habilidades; finanzas controla objetivos de plantilla y costes; mientras que compras gestiona contratistas y gastos en servicios. Esta separación provoca que los altos directivos tengan dificultades para comprender cómo las decisiones sobre la fuerza laboral afectan realmente a los resultados del negocio.
Planificación fragmentada: un obstáculo para visibilizar el talento
Cada área opera con sistemas, ritmos de planificación y supuestos propios acerca de cómo se realiza el trabajo. Una investigación reciente llevada a cabo por SAP revela que el 62% de los ejecutivos de nivel C están insatisfechos con el grado de integración actual entre los datos sobre personas y el desempeño empresarial. Asimismo, mientras el 50% de las organizaciones preparan planes sobre el impacto de la inteligencia artificial en la productividad y capacidad, sólo un 21% consideran su efecto en el diseño del trabajo y la estructura organizacional.
Este desfase es crucial, ya que ambas dimensiones están íntimamente ligadas. Tomar decisiones fundamentadas acerca de qué automatizar implica comprender cómo afectará a equipos, roles y competencias vinculadas a ese trabajo. Pese a los esfuerzos, muchas empresas descubren tarde que sus áreas no encajan, al evaluar estas variables de forma aislada.
La ampliación discreta de la plantilla y la laguna en la planificación
El concepto de «plantilla» ha evolucionado considerablemente, pero los modelos de planificación no han adaptado este cambio. Actualmente, los empleados trabajan junto a contratistas, socios especializados y sistemas de IA que llevan a cabo tareas operativas reales, no solo funciones de soporte. En algunos modelos, la mano de obra externa y digital ha pasado de ser complementaria a ser central.
Esta transformación modifica la naturaleza de cada decisión significativa sobre el capital humano. Por ejemplo, cuando una empresa automatiza un proceso, se despliegan efectos simultáneos sobre el número de empleados, habilidades requeridas, gasto en servicios y supuestos de productividad. Un programa de reciclaje puede reducir dependencia de contratistas; aumentar la capacidad contratada puede cubrir un déficit inmediato, pero a la vez deteriorar las capacidades a largo plazo. Evaluar estas acciones por separado, como hacen muchas organizaciones, distorsiona el impacto real de las decisiones.
La pregunta clave no es sólo contratar, automatizar o formar, sino cómo debe configurarse el trabajo entre personas y sistemas inteligentes, y a qué coste. Sin embargo, la mayoría de los marcos de planificación actuales ni plantean, ni dan respuesta a esta cuestión.
La convergencia imprescindible entre CFO y CHRO
Los directores financieros (CFO) tienen la tarea de vincular indicadores económicos con decisiones operativas reales, especialmente en el ámbito del gasto de personal, que domina la mayoría de balances. Por su parte, los responsables de recursos humanos (CHRO) abordan retos que superan la gestión tradicional del talento, enfrentándose a la complejidad del diseño organizacional y el equilibrio entre trabajo humano y digital. Ninguno puede responder a estas demandas desde su perspectiva individual, y hasta ahora no se les había exigido colaborar de forma tan estrecha. Esta necesidad surge no por mera voluntad, sino porque las decisiones requieren simultáneamente ambas visiones.
Cuando esta colaboración se produce, la planificación de la plantilla evoluciona de ser un ejercicio anual de presupuestación a un diálogo estratégico continuo, con interrogantes más complejos: ¿cuándo conviene desarrollar internamente competencias críticas en lugar de comprar capacidad externa? ¿Cómo verificar que una automatización genera verdadera capacidad y no simplemente traslada problemas? Estas preguntas demandan datos compartidos, gobernanza conjunta y la disposición a operar en territorios que tradicionalmente no controlan ni finanzas ni recursos humanos por separado.
De presupuestos anuales a la dirección continua del talento
Las organizaciones que mejor manejan este reto han abandonado la mirada puntual anual para adoptar una disciplina operativa constante. Esto implica que finanzas, recursos humanos y compras accedan a una visión unificada de la capacidad, habilidades y costes de la plantilla, en lugar de tener que reconciliar post factum datos dispares procedentes de cada área. También supone modelar escenarios donde la contratación, la formación, la automatización y la mano de obra externa se contemplen como palancas interconectadas y no debates aislados.
Los indicadores también están cambiando. Aunque la cuenta de empleados, coste laboral y nivel de ocupación continúan siendo importantes, sólo reflejan parte de la realidad. Con la integración creciente de la IA en operaciones, los líderes necesitan conocer la alineación de habilidades y la preparación contra prioridades estratégicas, cómo se reparte efectivamente el trabajo entre empleados y sistemas inteligentes, y si la automatización crea capacidad adicional o disminuye la motivación y compromiso del personal. Las empresas que miden estas variables toman decisiones estructuralmente distintas sobre dónde invertir, haciendo preguntas más acertadas y mejor informadas.
El verdadero desafío está en el liderazgo, no en la tecnología
Integrar datos de recursos humanos, finanzas y compras es condición necesaria para mejorar las decisiones, pero no suficiente para tomarlas. El escollo mayor reside en alinear a los líderes: CFO y CHRO deben definir métricas comunes, comprometerse con un ritmo de planificación que vincule elecciones laborales con la estrategia del negocio, y construir una relación donde ninguna área apruebe unilateralmente lo decidido por la otra. Se trata de un tema de gobernanza que ninguna plataforma tecnológica puede resolver por sí sola.
Las empresas que lideren esta transformación dispondrán no solo de mejores datos, sino de una visión más clara y conjunta del valor que genera el trabajo realizado por empleados, contratistas y sistemas inteligentes. Las que no lo hagan seguirán tomando decisiones a oscuras, pero ahora con mayor velocidad y riesgos potenciales mayores.
David Imbert, director de marketing de SAP Financial Management, y Lara Albert, directora de marketing de SAP SuccessFactors, han sido los autores del estudio.