En las selvas tropicales de Borneo, algunos árboles dipterocarpos alcanzan alturas impresionantes de hasta 71 metros. Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que la gran altura de estos árboles representaba un obstáculo natural para que el agua viajara desde las raíces hasta las hojas. Según la teoría tradicional, el transporte de agua en árboles tan altos sería ineficiente, limitando su crecimiento y haciendo a estas gigantescas plantas especialmente vulnerables durante periodos de sequía.
Sin embargo, una investigación conjunta entre la Universidad de Exeter y la Universidad de Cardiff ha desafiado esta idea establecida. Publicado el 2 de julio de 2026 en la prestigiosa revista Science, el estudio detalla cómo estas especies han evolucionado sofisticadas adaptaciones que les permiten superar los desafíos hidráulicos de sus enormes dimensiones, incluso en alturas superiores a los 70 metros.
El mito del límite impuesto por la altura
Los árboles carecen de órganos similares al corazón que bombeen agua, pero cuentan con innumerables vasos diminutos que recorren sus troncos. La evaporación de agua desde las hojas genera una succión que impulsa la savia hacia arriba desde las raíces. Este sistema, aunque efectivo en árboles pequeños o medianos, parecía insuficiente para explicar cómo árboles de decenas de metros podrían mantener un flujo adecuado.
Por ello, el precedente científico sugería que la altura máxima de los árboles estaba limitada porque, conforme aumentaba su tamaño, el transporte de agua se volvía menos eficiente, afectando el proceso de fotosíntesis y el crecimiento. Además, se especulaba que los árboles más altos serían los más perjudicados ante fenómenos de sequía prolongada.
Adaptaciones que desafían las expectativas
Para entender cómo resuelven este desafío, los investigadores midieron características relacionadas con el transporte de agua a lo largo de ejemplares con alturas entre 7 y 71 metros, antes, durante y después de la sequía provocada por el fenómeno de El Niño de 2023-2024.
Descubrieron que los árboles más altos desarrollan vasos conductores de agua más amplios cerca de la base del tronco, lo que mejora la eficiencia del transporte. Además, las hojas de estos árboles muestran un mayor aguante al estrés por falta de agua antes de marchitarse.
Según la profesora Lucy Rowland, líder del estudio en Exeter, “los vasos de estos árboles poseen adaptaciones evolutivas complejas que permiten mantener el agua en estado líquido, incluso bajo presiones muy bajas necesarias para alcanzar las ramas superiores, que pueden superar los 80 metros.”
La prueba de la sequía
La investigación también abordó si la altura extrema afectaba la respuesta de estos árboles ante la sequía. Contrariamente a lo esperado, los árboles más grandes no sufrieron pérdidas de crecimiento mayores que los ejemplares más pequeños durante el período seco intenso.
Esto revela que el tamaño no determina una menor resiliencia frente a la escasez hídrica en estas especies, aunque por supuesto no elimina las amenazas que el cambio climático supone para todos los bosques tropicales.
Los gigantes como reservas de carbono clave
Más allá de su increíble capacidad para transportar agua, estos árboles tienen un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Son capaces de almacenar enormes cantidades de carbono a través de la fotosíntesis, reteniéndolo durante décadas o incluso siglos, con el papel vital de atenuar la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.
El investigador Paulo Bittencourt subraya que “el 1% de árboles más altos almacena más de la mitad del carbono sobre el suelo en los bosques, siendo estos gigantes esenciales para mantener el equilibrio del carbono global”.
Conservación y futuro
Los dipterocarpos son predominantes en las selvas de Asia Sudoriental, hogares de una biodiversidad excepcional. Aunque estos árboles muestran una adaptación notable ante su tamaño y condiciones extremas, la necesidad de proteger estas áreas sigue siendo apremiante debido a su valor ecológico y climático.
Palasiah Jotan, investigador malasio y coautor del estudio, espera que estos hallazgos impulsen iniciativas para la conservación de los bosques de Borneo, mientras que reconoce que se requieren investigaciones adicionales para determinar si otras especies grandes comparten estas adaptaciones.
En síntesis, esta investigación rompe con la creencia de que la altura extrema limita la funcionalidad de los árboles, demostrando que las especies más gigantescas no sólo han sobrevivido, sino que han evolucionado para prosperar en los límites de la vida vegetal.